Encuadernación
Cuaderno hecho a mano, forrado en terciopelo marrón y esquineros plateados. La portada presenta la reproducción de una página iluminada perteneciente a un manuscrito medieval de procedencia desconocida.
La escena representa a la Virgen apocalíptica, inspirada en el pasaje de Apocalipsis 12:1, donde aparece:
“Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y coronada con doce estrellas”.
Esta iconografía es muy frecuente en los Libros de Horas del siglo XV, sobre todo en los producidos en talleres franco-flamencos.
La Virgen se encuentra rodeada por una mandorla circular formada por rayos dorados, que aluden a la expresión bíblica “mujer vestida del sol” y visualizan su participación en la luz divina. A ambos lados, dentro de la misma aureola, aparecen serafines o querubines alados de color rojo, asociados al fuego del amor divino y al ámbito celestial más cercano a Dios.
Bajo los pies de la Virgen se distingue una luna creciente, símbolo directo del Apocalipsis y representación de su victoria sobre la oscuridad, el mal y los antiguos cultos paganos. La luna también remite al ciclo natural y la maternidad, reforzando su figura como Madre de Cristo y de la Iglesia.
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Cuaderno hecho a mano, forrado en terciopelo marrón y esquineros plateados. La portada presenta la reproducción de una página iluminada perteneciente a un manuscrito medieval de procedencia desconocida.
La escena representa a la Virgen apocalíptica, inspirada en el pasaje de Apocalipsis 12:1, donde aparece:
“Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y coronada con doce estrellas”.
Esta iconografía es muy frecuente en los Libros de Horas del siglo XV, sobre todo en los producidos en talleres franco-flamencos.
La Virgen se encuentra rodeada por una mandorla circular formada por rayos dorados, que aluden a la expresión bíblica “mujer vestida del sol” y visualizan su participación en la luz divina. A ambos lados, dentro de la misma aureola, aparecen serafines o querubines alados de color rojo, asociados al fuego del amor divino y al ámbito celestial más cercano a Dios.
Bajo los pies de la Virgen se distingue una luna creciente, símbolo directo del Apocalipsis y representación de su victoria sobre la oscuridad, el mal y los antiguos cultos paganos. La luna también remite al ciclo natural y la maternidad, reforzando su figura como Madre de Cristo y de la Iglesia.